Que tingui Grapa!

29 Mai 2018

Les dones de la Universitat

Filed under: Uncategorized — Clàudia Cebrian @ 13:22
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Clàudia Cebrian

Anuncis

23 Mai 2018

Una vida en directo

12 Mai 2018

“Yo, Robot”

Filed under: Sociedad — olgafedez @ 20:30
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El robot Atlas de Boston Dynamics corre por un campo. FUENTE: captura de Boston Dynamics vía GeekWire.

¿Qué está pasando en la sociedad? ¿Hacia dónde vamos? La sustitución del ser humano por máquinas cada día es más evidente. No necesitamos nada más que mirar a nuestro alrededor en el día a día. Donde hace dos décadas se podía ver a cuatro personas manejando un camión de la basura por la calle, hoy en día podemos ver como el conductor realiza el mismo proceso con ayuda de una cámara y un robot. Las gasolineras son lugares vacíos donde el propio consumidor se autoabastece y paga sin presencia humana; los supermercados son ahora sitios donde basta una aplicación móvil para que se te detecte como cliente y puedas retirar productos de las estanterías que son directamente cargados a tu cuenta. Sin dependientes necesarios. Los últimos ensayos, divulgados esta última semana en el evento de desarrolladores de Google I/O, nos llevan a la sustitución de teleoperadores por sistemas que hacen prácticamente imposible diferenciar la voz artificial de la humana. El ordenador se sirve ya hasta de muletillas para responder a las conversaciones.

¿Dónde nos lleva esta paulatina sustitución de la persona por la máquina? Desde el albor de los tiempos el hombre ha evolucionado con una inquietud por mejorar, por descubrir, por un mínimo esfuerzo en aras de una mayor eficacia. Ahora bien, ¿qué objetivo estamos persiguiendo a día de hoy? Lo vemos cada día en las series y películas distópicas, esas sociedades como Blade Runner, donde los replicantes están tan sumamente desarrollados que ya se reproducen, teniendo solo como diferencia antes los humanos su “fecha de caducidad”. O en uno de los capítulos de Black Mirror, donde se puede sustituir a un amante muerto por una copia mejorada. Pero, ¿hasta qué punto es descabellada esta opción? Tenemos a androides que ya corren imitando perfectamente a un humano, siendo capaz de evitar obstáculos o saltarlos, Will Smith tuvo hace poco una “cita” con Sophia The Robot que demostraba sus dotes de conversación y de aprendizaje. Pero ahí está la clave. Aprendizaje.

En nuestra realidad cada vez más tareas son realizadas por los robots. Tenemos una sociedad en que las tasas de paro y el desempleo se mantienen en una tendencia preocupante. Si no dejamos de evolucionar la tecnología que nos sustituye, ¿a qué dedicaremos nuestro tiempo? ¿Todos al desarrollo robótico? Ni siquiera nos podemos escudar en esa teoría, pues estamos dando a la tecnología las herramientas para que sea autosuficiente. Podría llegar un día en que no sea una locura la idea de máquinas que realizan el trabajo con otras máquinas que detecten cuando hay fallos y lo arreglen. De hecho, las máquinas están llegando a “repararnos” a nosotros cuando nos estropeamos. Debemos tener en cuenta además que, hasta ahora, el desbordante desarrollo tecnológico que existe es gracias a la creatividad del ser humano, al tomar parte en el día a día y plantearse incógnitas. Pero esa creatividad podría estancarse e incluso desaparecer si dejamos de experimentar e interactuar con nuestro medio.

La simbiosis del humano con la máquina, tanto en la sociedad como en el mismo cuerpo, abren el debate en la sociedad. En los últimos Juegos Olímpicos se ha cuestionado la participación de atletas con prótesis que sustituyen extremidades que, a juicio de diferentes organizaciones y estamentos, permitían al atleta una mejora sustancial de sus cualidades físicas en detrimento del resto de competidores. Existe ya el primer cyborg aceptado por un gobierno. Mientras la tecnología siga avanzando, seguirán creándose nuevas situaciones a las que enfrentarse. Habrá que ajustar el modelo de convivencia para resolver las incógnitas que nos plantea esta convivencia. Y ese debe ser nuestro siguiente paso.

Olga Fernández 3.0

10 Mai 2018

Derecho a una muerte digna

eutanasia

EFE

Comenzaré planteando lo siguiente, ¿es peor morir o estar vivo “sin vivir”? Parece algo extraño, incluso difícil de entender. Diría que hasta macabro. Pues nada más lejos de la realidad. Intenten ponerse en la piel de alguien que vive, sin poder salir a la calle a pasear, o a hacer la compra, o salir por salir, sin objetivo ni causa. Sin la posibilidad de valerse por si mismo. Además, imagínense que encima, sin tener la capacidad ni los medios de poder disfrutar de la vida, les priven de su derecho a tener una muerte digna. Porque la eutanasia en este país es penal y encima, desde la Asociación Médica Mundial (en la que participa la OMC española), la consideran contraria a la ética. Que le pregunten a alguien que esté postrado a una cama a que se refieren con “ética”.

En el Pleno del Congreso de los Diputados del pasado martes se dio un paso al frente en este sentido. Parece que todos los grupos parlamentarios están de acuerdo en despenalizar la eutanasia y el suicidio asistido, una propuesta llevada por el Parlamento de Cataluña. Todos menos el PP y UPN, y Ciudadanos que ha adelantado que se abstendrá. La propuesta incluye la modificación del artículo 143.4 del Código Penal y será votada durante el pleno de la cámara baja de este jueves.

Hoy por hoy el Código Penal contempla penas de prisión de entre 4 y 8 años para “quien induzca al suicidio de otro” y de 2 a 5 para quien coopere con “actos necesarios al suicidio de una persona”, e incluso de 6 a 10 años si la cooperación lleva a la muerte. Me resulta incoherente que la eutanasia o la ayuda al suicidio estén penadas con cárcel en casos límite como el de Ramón Sampedro o Jorge León; y no debo de ser la única, ya que según una encuesta de Metroscopia de marzo de 2017 el 84% de los españoles estaban de acuerdo con que los médicos suministrasen alguna sustancia que “conduzca al fin de la vida” en casos de “enfermos incurables” que lo pidan. Tiene razón Alba Vergès i Bosch (ERC) al decir que “hoy el miedo a sufrir de forma insoportable pesa más que el tabú del miedo a la muerte”

Es necesario el debate que se abrió en el Congreso el pasado martes, pero más necesario es que en la resolución final se acepte que el derecho a vivir, que está estipulado en la Constitución,  debe equipararse al derecho que cada uno tiene a morir dignamente cuando las condiciones son extremas.

Adriana Capdevila España

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