Que tingui Grapa!

27 Maig 2009

Eufemismos

Classificat com a: Internacional, Política internacional, miscel·lània — marioroehrich @ 23:33
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sarkoA nadie parece haberle llamado demasiado la atención el hecho que Sarkozy haya bautizado la nueva base militar francesa en Abu Dabi como Campo de la Paz. Es bien cierto que si la hubiese designado Exterminio Total o Aniquilación Súbita algunos – comunistas y columnistas – le habrían reprochado una cierta falta de tacto. Y sin embargo se necesita un considerable ejercicio de retorcimiento mental para parir un nombre así. La base militar, a 220 kilómetros de Irán, tiene de Paz lo que la operación libertad de George W. tuvo de duradera.
Desde que los antiguos griegos inventasen el eufemismo para suplantar lo incómodo, lo indecoroso, el tabú, la clase política se ha frotado las manos ante una herramienta lingüística que les viene de perlas para marear la perdiz y confundir a sus conciudadanos. No hay nada como convertir de un plumazo las torturas de Abu Graib en métodos de persuasión, el muro de Cisjordania en una valla de seguridad o las guerras mesopotámicas en intervenciones pacificadoras. El votante se ahorra el disgusto de saber qué hay detrás de la etiqueta de daños colaterales, y los dirigentes políticos la desagradable tarea de designar las cosas por lo que son.
Y no nos confundamos porque el eufemismo no entiende de ideología; un día podemos escuchar a Aznar tildar a ETA de movimiento de liberación vasco, y al siguiente oír a Zapatero hablar impertérrito de crecimiento negativo o de interrupción voluntaria del embarazo. Por no hablar de los grandes genocidas, que escudan detrás de términos como solución final o limpieza étnica – este último acuñado por las fuerzas de Milosevic – lo que son masacres de civiles a sangre y fuego.
Con el fulminante ascenso al empíreo de Obama, a los medios estadounidenses se les atrabancó la lengua por un momento, dudosos de si “negro” sería el término apropiado para designar su color de piel. Las alternativas traducidas literalmente son cuanto menos peculiares: colorado, africano-americano (que no afro), o candidato de color. Imagino que se les pasó por alto la opción rebosante de melanina, que sería la explicación más científica y por lo tanto menos comprometida moralmente.
Y es que el uso y abuso de eufemismos lleva a lo cómico cuando no a lo patético (ambas opciones no son incompatibles). Uno se anima con el maquillaje y el lifting de  palabras, y acaba hablando en un idioma paralelo. Sin olvidar que estos rodeos lingüísticos suelen caracterizarse por una corta vida en sociedad, lo cual quiere decir que se desgastan más rápido que una goma de borrar.
Personalmente agradezco que me hablen de recesión y aborto, de muros y muertos, allí donde los adornos innecesarios sólo empeoran las cosas. Cuando el presidente francés inaugura una base para que reposten los cazas Mirage en su camino a Afganistán, ponerle nombre de capítulo de Heidi es de un obsceno cinismo. No creo que tratar a los ciudadanos como críos sin destetar sea muy bueno para la salud democrática de un país, pero sobre todo – y dejando de lado consideraciones más profundas -, es una gran tomadura de pelo.

Mario Roehrich

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